lunes, 15 de diciembre de 2014

EL INDIVIDUO, SU CONTEXTO Y LA EDUCACIÓN

Rebeca Zurru Fernández 
Noviembre del 2014. 


OPINIÓN PERSONAL SOBRE EL INDIVIDUO, SU CONTEXTO Y LA EDUCACIÓN.  

ANÁLISIS TEXTUAL DE ELLSWORTH, FREEDMAN, HERNÁNDEZ Y SANCHO.



Muchas veces me planteo cuáles son los límites de las ideas y el pensamiento. Cuál es el la franja que separa la existencia del individuo de la propia realidad,  qué o quién se convierte en encargado  de delimitar las reglas del conocimiento. ¿Es mi pensamiento parte inherente del contexto donde se ubica o es el propio contexto fruto de la construcción de nuestros pensamientos? me pregunto, hasta qué punto somos dueños. 
La lectura y análisis de capítulos tales como Ellsworth. E. (2005). Diálogo comunicativo: control a través de la continuidad y El poder de la discontinuidad: enseñar a través del diálogo analítico. Posiciones en la enseñanza: diferencia, pedagogía y el poder de la direccionalidad. (pp. 95-119). Madrid:  Akal, S. A. Hernández. F y Sancho. J. (1993). Las decisiones en torno a la enseñanza. El campo del currículumPara enseñar no basta con saber la asignatura. (pp. 2-54). Madrid: Paidós. Freedman. K. (2006). Arte y cognición. Enseñar la cultura visual. Currículum, estética y la vida social del arte. (pp. 97-139). Octaedro. han supuesto puntos claves para el desarrollo de este artículo u opinión personal, llámese como quiera, sobre la apertura de cuestiones fundamentales que recaen en el ámbito del individuo y su educación

Retomemos la cuestión, ¿hasta que punto somos dueños del pensamiento, conocimiento y de nuestra propia realidad?. A menudo deberíamos replantearnos la importancia, no solo de qué conocemos, si no de cómo conocemos el mundo real o ilusorio que nos envuelve, pensar hasta qué extremo somos conscientes marionetas  del mismo o él lo es para nosotros. Sin lugar a dudas, estamos englobados en un juego consciente o inconsciente, a quien con toda la modestia que se me permita, desearía poder ofrecer a la Educación, su correspondiente papel de director. 
Bajo mi punto de vista, la Educación es factor clave, madre y motor de todo aquello planteado previamente. La educación es guía esencial para el desarrollo de la existencia, es la encargada del constante modelaje que la propia vida toma dependiendo del tiempo y lugar en el que se vea dueña o prisionera. Contemporánea a mi tiempo, me permito marcar un paréntesis para subrayar la poca importancia que generalmente ofrecemos a la misma, fruto de crisis, política o constantes distracciones, solemos caer en el error de dejarla en segundo plano u otorgarle un enfoque que podría no ser el más apropiado. 
Por naturaleza, el ser humano siente miedo a lo no conocido, al desorden, a todo aquello que pueda suponer un riesgo en su estricto énfasis por aquello concerniente al dominio del mundo, al control de su vida. Tal y como interpreto y escribe Ellsworth. E. en Diálogo comunicativo: control a través de la continuidad , vemos como el hombre, desde sus más tempranas entrañas ha construido un mundo ilusorio de control como fruto de temores, inseguridades y necesidades, cuyo principal reflejo de todo ello, es la construcción del lenguaje, de la palabra. Las personas hemos asumido que cualquier idea u objeto material tiene que tener una palabra con la que encajar, para que de este modo entre el tú y el yo generemos un punto de encuentro, de comprensión, un contenedor donde las emociones e ideas tomen forma, se puedan visualizar y entender, alejado de todo aquello que se quede sumido en el abismo de miedos desconocidos y de este modo se excluya el posible desorden que se encuentra entre nosotros. 
A través del uso de la palabra establecemos un terreno común de comprensión, pese a todas la posteriores disparidades y diferencias que puedan surgir dentro del mismo, la comprensión solo añadirá más información de la que ya tenía nuestro bagaje,  a pesar de ello, soy firme creyente de que pese a ubicarnos en una totalidad ya construida, como individuos, a través de su empleo, de la práctica del diálogo, podremos modelar nuestra estructura presuntamente preestablecida; es decir, balanceándome entre las teorías de Felman y Nicolas Burbules (1993), como fiel defensor del diálogo comunicativo, sostengo firmemente que la palabra crea nuestras propias cadenas, pero con  su cabal empleo, es la única, junto al arte, que puede resultar el cambio más transformador que dentro de nuestros inherentes contextos podamos obtener. He aquí la importancia que toma el Arte en nuestra vida, en nuestra educación, encargado de ofrecernos la posibilidad de desdeñar esa unidireccionalidad en la que muchas veces la palabra nos apresa; como bien explica Freedman. K. en Arte y cognición, el arte, la cultura visual, es pilar fundamental para esa transformación de las estructuras preestablecidas que previamente comentábamos, pues influye en nuestro pensamiento de un modo que ni tan siquiera el uso del lenguaje consigue prometer, en mi opinión, es el exclusivo vehículo de transformación de esos enfoques personales sobre las diversas concepciones que tenemos sobre el mundo (p.96). El arte nos ofrece una serie de conocimientos intangibles, que muchas veces superan lo conocido y mesurable, motivo principal por el que sufre ese rechazo, pues no entra dentro de los parámetros calculables que  el hombre acoge con brazos abiertos. El arte es el único capaz de activar muchas áreas del cerebro, de su desarrollo, que poco a poco hemos ido enmascarando y olvidando por haberse visto sustituido por otro tipo de modalidades que resultaban de una comprensión más fácil o “útil” para las necesidades que supuestamente nuestros contextos espacio-temporales necesitaban cubrir, materias más exactas, más aproximadas a la realidad, pero  me pregunto, a qué realidad nos referimos, a la suya o a la real. Sabemos que el arte es una de las formas con las que nos conectamos con los otros seres humanos y que su carácter visual puede ofrecer un acceso único a algunos aspectos de la experiencia del hombre, ¿será éste uno de los principales temores y respectivos rechazos?. Una vez más, todo ello nos conduce a la importancia de la educación y el aprendizaje, no al qué, si no al cómo, al cómo aprendemos y comprendemos, al cómo dirigimos nuestra mirada. Debemos tomar todas las herramientas posibles para de esta manera conseguir cosechar la veraz libertad de expresión del propio individuo  sumido en las normas socioculturales, forma, sentimiento y conocimiento, que consustancialmente influyen en la dirección de su inspección. 
Todos sabemos que hogaño la sociedad avanza a un ritmo desorbitante con el riesgo de quedarse inmóvil y dejar la educación obsoleta, como bien ejemplifican con la mención de Aristóteles, Hernández. F y Sancho. J. en Las decisiones en torno a la enseñanza. El campo del currículum, quien ya constataba en su tiempo, la falta de consenso existente entre el contenido y los medios de enseñanza. A su vez, la cultura visual avanza paralelamente, veloz, simultánea a su tiempo, a los conocimientos que progresivamente van aumentando y enriqueciéndose con la experiencia visual individualizada o como conjunto. Por todo ello, debemos ser conscientes de que el aprendizaje no solo tiene lugar en un contexto, si no que el propio contexto se conduce y maneja por el aprendizaje, incluidas las aulas, como medios socioculturales. El aprendizaje está íntimamente relacionado con la circunstancia que tiene lugar, por ello seamos capaces de ajustarla a las necesidades requeridas en cualquier tipo de ambiente, capaces de dar forma a los espacios temporales al igual que ellos no la dan a nosotros, encontremos el equilibrio a través del aprendizaje que equivale al desarrollo. Planteémonos ahora, como lo hacen Hernández y Sancho, lo que presupone para la educación tener un currículum fijo preestablecido, adherido a unos principios fijos para todo un conjunto saturado de variedad en pensamientos e intereses, empleemos la herramienta del currículum oficial de un modo que pueda gestar en si misma la posibilidad de individual planificación,  cojamos de la mano el anhelado albedrío para ser capaces de reformar  y acoplar conscientemente los requisitos y necesidades que a gritos nuestra propia libertad reclama. Intentemos ser educadores, no solo basarnos en las comodidades que los límites nos proporcionan; tomemos de la mano herramientas como el diálogo o el arte  para acercarnos a esa idea  de autoexpresión, convirtámosla en hecho, sintámosla, avancemos con la práctica y no solo con la teoría, no permitamos que la educación reprima o frustre esa noción de diversidad en los talentos individuales, consigamos desarrollar nuevas ideas, actitudes y creencias a través del aprendizaje. No determinemos las formas de pensar. Construyamos un curriculum real que se aleje de la promoción de determinadas formas de pensar, apliquemos en nuestras aulas, en nuestras vidas, cualidades que materias como el arte o el poder de la discontinuidad, como dice Ellsworth, nos pueden obsequiar.  Desatemos esos silencios personales y culturales acallados por el miedo a lo no conocido, a lo no controlable

En definitiva, seamos capaces de entender que la principal limitación que opera en la evolución del sujeto, del ser humano, de nuestra sociedad, es nuestro propio “control consciente”. Intentemos tomar las herramientas ofrecidas, construyamos nuevas herramientas, para no dejarnos embaucar por falsos temores controlables. Tomemos las riendas  desde la base, desde la infancia, desde el nacimiento, donde no se sufre el miedo de la ambigüedad, donde no se conoce la cobardía procedente de miedos preconcebidos por lo desconocido, donde los condicionamientos todavía no han fraguado, de modo que no sea el mundo el encargado de crear al individuo y su contexto, si no que la mente y con ello nuestros actos, creen el conocimiento en respuesta a un mundo independiente de conocimiento.














BIBLIOGRAFÍA: 


-Ellsworth. E. (2005). Diálogo comunicativo: control a través de la continuidad y El poder de la   discontinuidad: enseñar a través del diálogo analítico. Posiciones en la enseñanza: diferencia, pedagogía y el poder de la direccionalidad. (pp. 95-119). Madrid:  Akal, S. A. 

-Hernández. F y Sancho. J. (1993). Las decisiones en torno a la enseñanza. El campo del currículum.  Para enseñar no basta con saber la asignatura. (pp. 2-54). Madrid: Paidós. 


-Freedman. K. (2006). Arte y cognición. Enseñar la cultura visual. Currículum, estética y la vida social del arte. (pp. 97-139). Octaedro.

MODELO DIDÁCTICO PASIVO

Rebeca Zurru Fernández 
Diciembre del 2014 



MODELO DIDÁCTICO PASIVO. 
NORMATIVA Y DIDÁCTICA TRADICIONAL.  


El método es el camino o procedimiento adecuado para obtener un fin específico. Existe un amplio número de variantes para poner a cabo y desempeñar este contenedor de procedimientos, en este caso hablaremos del modelo didáctico pasivo o método magistral en el sector de la Educación.  Un sistema de enseñanza clásico, basado en la unidireccionalidad del conocimiento en las aulas, donde el docente se encarga de emitir todos sus saberes, sobre la información que considera más apropiada, a un alumnado receptivo. 

Actualmente, día tras día, nos vemos rodeados por una inmensa sobrecarga de información procedente de las telecomunicaciones, prensa, publicidad etc, por ello me resulta curioso que en nuestras circunstancias espacio-temporales, un método pasivo de tal índole, siga siendo el más empleado para la educación de un alumnado cuya principal necesidad es la motivación, un alumnado que implora a gritos la falta de alicientes disfrazados por todo tipo de distracciones. 
Bajo mi punto de vista, este es un método de enseñanza efectivo en muchas ocasiones, sobretodo en  el caso de adultos, pues nos ofrece una serie de beneficios que otros sistemas educativos ciertamente nos son capaces de brindar, entre otros la rapidez como fruto de la propia manera de transmitir el conocimiento, donde el docente como ya hemos dicho previamente, es el encargado de realizar todo el trabajo, exponer conocimientos, seleccionar los ejercicios que posteriormente deberán realizar sus alumnos, calificar etc, mientras que el alumno, como mero receptor, tiene como papel asignado ser puramente receptivo, contenedor de información, escuchar atentamente, tomar notas, reproducir lo que el maestro dice, memorizar datos y fechas.  Como podemos observar, es un modelo puramente pasivo,  donde no hay oportunidades para que el individuo, en este caso los estudiantes, piensen de una forma crítica. 
Personalmente, después de leer Teorías del color de Wittgensteing, entre otras cosas, comencé a reflexionar sobre la importancia que marcan las propias necesidades en cada contexto, en cada cultura. Las necesidades impuestas por las circunstancias del azar o la elección, finalmente acaban convirtiéndose en todo aquello que conocemos, sin necesitar conocer lo que no conocemos porque no necesitamos, vemos los colores que necesitamos ver. Mi intención en esta caso, no es la de entrar en un banal juego de palabras, sino más bien, meditar en voz alta las dudas que se me plantean ante la existencia del modelo didáctico pasivo. Efectivamente hemos dicho que en muchos casos puede ser idóneo para cierto tipo de aprendizaje, pero en muchos otros, en la mayoría, a mi modo de ver, no. ¿Esto qué significa? que pese a ser conscientes de no ser la mejor metodología para educar a personas libres y críticas, existe, existe porque lo necesitamos, lo necesitan aquellos a quienes conviene dirigir, a quienes conviene que la juventud sea una era pasiva, dirigible, manipulable, una juventud domesticada, que no juzga, educada en un sistema de enseñanza de conocimientos para fines a corto plazo, pasajeros exámenes orales o escritos, donde el joven estudiante entiende que el objetivo principal de su educación es el de tomar apuntes para aprobar el control memorizando, una serie de fórmulas, hechos y ejemplos aparentemente no interrelacionados con problemas reales, que no brindan la oportunidad de formarse en un sentido crítico, adaptado a su principal motivo de existencia, educar a hombres, a personas con principios y valores que van más allá de lo que el sistema tradicional pueda ofrecernos en muchos de los casos.  


En definitiva, a mi juicio, que persista tanto tiempo este modelo didáctico, también es fruto de la propia educación que los docentes actuales recibieron en su momento, una educación manejada por un sistema magistral que precisamente no destacaba por el abanico de posibilidades que te pudiera ofrecer, el pez que se muerde la cola:  “me educo en este sistema, no desarrollo mi creatividad para posteriormente poder aportar nuevas soluciones a las posibles problemáticas que surjan en la vida real, me conformo con lo que conozco, me acomodo en ello, y limito así, consciente o inconscientemente, mi propia libertad como docente”. Dicho esto, me gustaría citar textualmente  a Lenneth O. Gaudel, quien dijo: “El maestro que realmente desea ser eficaz, debe hacer que la educación que imparte se caracterice por la variedad”. Una variedad que ofrezca mayor riqueza en su diversidad, y que paso a paso esa pluralidad de pensamientos y actitudes, nos aleje del observador pasivo acercándonos así a la conquista de un sistema de participantes activos.
“El educador deberá enseñar al educado a que aprenda a aprender por si mismo: es decir, que aprenda haciendo, investigando, experimentando y observando” Carlos Tünnermann. 1998.





Bibliografía: 

-Biblioteca.utec.edu.sv. (2007). El método didáctico. Métodos de enseñanza. El salvador: Universidad tecnológica del Salvador. 

-Tünnermann. C. (2000). Universidad y sociedad. Balances históricos y perspectivas desde latinoamérica. Venezuela: Comisión de Estudios de Postgrado, Facultad de Humanidades y Educación.

-Vidal-Abarca. E, Rafael García Ros, Francisco Pérez González. (2010). La motivación para   aprender. ¿Qué es y por qué es importante mejorarla. (pp.139-146). Aprendizaje y desarrollo de la personalidad. Madrid: Alianza editorial. 


- Wittgenstein. L. (1994) Observaciones sobre los colores. Barcelona: España Libros, S. L. U.

Krausismo

Noviembre 2014 
Rebeca Zurru Fernández 



APRENDIZAJE Y ENSEÑANZA DEL DIBUJO 

El Krausismo en España. Principios teóricos y seguidores: 


El Krausismo fue una de las principales corrientes filosóficas de finales del S.XIX cuya doctrina se basaba en la tolerancia académica y la libertad de cátedra frente al dogmatismo. Surgió como forma de cambio pacífica y progresiva a través del uso de la razón en Alemania, bajo la visión de Karl Christian Friedrich Krause (1781- 1832) y llegó a  España por el profesor Julian Sanz del Río en 1876, manteniéndose hasta 1936, por la necesidad de una doctrina política que dentro del liberalismo iniciara el proceso regenerador que necesitaba el país y que contuviera ese elemento espiritual que los mismos no tenían. El Krausismo rechazaba cualquier tipo de dogma y se fundó bajo una concepción denominada Panenteísmo, concepto filosófico que indica que Dios engloba el universo pero no se limita a él. 

Sus principios se basaron en una deseada renovación de la cultura donde entre otros, el principio de Igualdad, a mi modo de ver, englobaba todo el resto. La ética del ser humano estaba por encima de su vida, debiendo rendirse cuentas a ellos mismos; a nivel personal, la honestidad, seriedad, libertad religiosa, respeto hacia lo diferente, el cuidado por la individualidad, eran elementos claves para el desarrollo de lo que como doctrina implicaban. Hoy vemos reflejados estos factores en caraterísticas de la enseñanza como la coheducación, igualdad entre hombre y mujer en las organización educativas, factor que a mi juicio es imprescindible para el desarrollo de cualquier sociedad. Otro apartado a nivel académico de gran interés, es lo que yo en este caso llamaría Libertad, un albedrío en el ámbito de la educación que ofrecía a las instituciones el derecho de libertad en su enseñanza, a través de factores como la libertad de cátedra, la que llegó aunque tardíamente en 1968. Entre otros, un manifiesto esencial para la educación y existencia de diversidad de opiniones, con ello progreso de todos y cada unos de los conocimientos que poco a poco el hombre va guardando en su bagaje. 

MARÍA MONTESSORI

Noviembre del 2014 
Rebeca Zurru Fernández  



APRENDIZAJE Y ENSEÑANZA DEL DIBUJO 

María Motessori y la pedagogía científica:  


Consideraría oportuno ubicarnos en el tiempo y espacio al que nos referimos, hablamos de la Italia de finales del S.XIX y principios del S.XX, donde como bien todos sabemos, cualquier apoyo de las fuerzas sociales y políticas recaía sobre un ámbito educativo tradicional, el cual gestaba en sí mismo desde sus más tempranas raíces, un ambiente de arraigadas características educativas, ligado a un extremado autoritarismo y formalismo en las aulas de enseñanza. 

María Montessori (1870-1952) educadora, psiquiatra, feminista y primera médico mujer en Italia, fue pionera de todos y cada uno de los fundamentos en los que la Educación de hoy en día está basada. Fue alfa, principio e impulso esencial, en una radical renovación y cambio internacional en la práctica y concepto de lo que conocemos como pedagogía.
Madre de la pedagogía científica e innovadora de los métodos pedagógicos de principios del S.XX, se apoyó por los nuevos conocimientos sobre el hombre y el niño que ciencias como la psiquiatría y psicología podían ofrecerle. Decidió dejar en segundos términos fundamentos tales como la filosofía u otras visones del mundo a las que las metodologías conservadoras se habían apoyado hasta el momento. 

Métodos como el científico y el de observación la llevaron a crear las bases sólidas y fundamentales para el desarrollo de sus posteriores puestas en práctica en su propuesta educativa. “El niño como padre del hombre”, no solo se limitaba a curar los banales intereses del presente, de esa etapa concreta en la vida de los niños, sino que sabía que los niños eran los recipientes que gestaban el futuro. Hizo conciencia de que instruir divirtiéndolos, despertando sus facultades de atención, ejercitando su memoria mediante instrucciones prácticas, bajo el importante papel de un ambiente adaptado a todas sus necesidades y basado en el amor, conseguían unos resultados humanísticos mejores que los que hubieran podido tener otras metodologías más tradicionales. 

Todos hemos sido niños y por ello para comprender la ética de Montessori o su método, simplemente deberíamos echar un vistazo hacia atrás, darnos cuenta de lo que realmente nos sirvió, para convertirnos en lo que somos. Bien es sabido, que cuando más aprendemos es haciendo, obteniendo nuestras propias satisfacciones de los logros que hemos adquirido con nuestros trabajos, los cuales biológicamente como personas nos incentivan al progreso, a querer avanzar, a ir conociéndonos poco a poco, a superarnos según las necesidades que las circunstancias de tiempo y espacio requieran, de modo que es esencial que desde nuestros comienzos se nos haya ofrecido el derecho a crecer en ambientes fundados por la dignidad, la libertad y la independencia, sin necesidad de educarnos como a contenedores vacíos sin perspectivas de futuro que vayan más allá de lo que una clase magistral o académica, estandarizada, de repetición en serie, pueda ofrecernos.  
Hoy más que nunca nos vemos sumergidos ante el mundo de los servicios y la información, por ello deberíamos ser plenamente conscientes de que todo parte desde la infancia, el momento decisivo, que como Montessori promovía, marcará el camino del hombre que cada uno de nosotros llevamos dentro. Debemos cultivar nuestras ideas y creatividad de un modo que el aprendizaje desde sus inicios enriquezca lo que a cada uno nos interese, construir nuestra persona en busca de un progreso que acabe recayendo en el conjunto. Debemos fomentar esa premisa de que los niños son sus propios maestros en la vida y que el adulto solo puede tener el papel de ayudarlo, ofrecerle multiplicidad de opciones entre las cuales escoger, ofreciéndole así libertad, para que de este modo se construyan a si mismos apoyados por el ejemplo de ambientes buenos sustentados por el amor. Dejar de lado cualquier espíritu de competividad, que cada uno trabaje a su propio ritmo y según sus propias necesidades innatas o adquiridas, respetando las personalidades y espacios para crecer en una plena independencia biológica, para que así  un niño pequeño, escoja espontaneamente el trabajo, trabajo intelectual que desee, que vaya acorde con sus necesidades, que aprenda haciendo, equivocándose y se le ofrezca la posibilidad de tomar sus propias decisiones y conclusiones sobre lo que le interesa o deja de interesar, dejando que adultos o en este caso maestros y profesores reduzcan sus intervenciones al mínimo, simplemente dirigiendo las actividades o caminos que esa etapa concreta de la vida o periodo sensible vaya poniendo frente a ellos, proporcionar y enseñar los medios,  y que así puedan adquirir determinados conocimientos y poco a poco, todo a su debido tiempo, descubrir sus potenciales como seres humanos.
En definitiva, hoy más que nunca debemos aferrarnos a las claves que María Montessori y su pedagogía científica nos ofrecen, ciertamente adecuándola a las necesidades que nuestros contextos espacio temporales requieren y necesitan, pero recoger de su mensaje su verdadera esencia; ofrecer confianza, ofrecer libertad, libertad de elección y que tanto para niños como para adultos hijos de niños, se les muestre la multiplicidad de elecciones que pueden tomar en el percurso de sus vidas.  




Referentes: 

- De Bartolomeis, F. 1953. María Montessori e la pedagogia scientifica. 
      Italia: Firenze, Nuova Italia. 

  • Montessori, M. 1909. Il metodo della pedagogia scientifica aplicato all’educazione 
      infantile nelle case dei bambini. Italia: Castello, S.Lapi. 

  • Montessori, M. L’autoeducazione nelle scuole elementari. 


  • Tavarelli,G.M. 2007. María Montessori. Una vita per i bambini. Italia. 


  • Le nostre interviste: a colloquio con María Montessori. 

- Il metodo Montessori presso la Regia Scuola Magistrale Montessori.

- La scuola Montessori.